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Beethoven y el Romanticismo musical

Padre del Romanticismo musical

Compositor alemán. Con él se inicia una nueva fase en la historia de la música: el romanticismo. Nació en el seno de una familia de tradiciones artísticas, es hijo de un tenor, bohemio y bebedor, que enseguida advierte las extraordinarias cualidades de su hijo para la música.

Su infancia transcurrió triste y enfermiza, dedicada al estudio de la música. A los ocho años da su primer concierto, en Colonia, y hace un pequeño viaje por Holanda. Su formación, un tanto desordenada, ha corrido a cargo de algunos amigos de su padre. Gracias a Christian Nelfe, organista de la corte, su verdadero maestro, conoce las obras de Bach y de Handel.

 A los 12 años es ya un gran intérprete, tanto con el piano como con el órgano, tocando la viola en la orquesta del archiduque. Ayudado por su profesor y por algunos aristocráticos personajes, pudo viajar a Viena en 1787, donde la leyenda cuenta que tocó para Mozart, genio indiscutible del momento, quien, asombrado, dijo: «Fijaos en este hombre… dará que hablar al mundo». Pero Ludwig tiene que regresar a Bonn: su madre había muerto y su padre sólo vivía para el alcohol. Tiene que ocupar el puesto del cabeza de familia, trabajando durante cinco años, dedicando cualquier rato libre al estudio y a la composición.

Tras la muerte de su padre, se instala definitivamente en Viena (1792), donde encuentra a sus verdaderos y grandes maestros: Haydn, Salieri y Albrechtsberger. Se centra ya en la composición, aunque a veces actúa como concertista. Su fama, sus éxitos empiezan a encumbrarle. En 1796 comienza a sentir los primeros trastornos de sordera, que será completa a partir de 1819.Julieta Guicciardi será su primer amor contrariado. No se casará jamás, pero siempre habrá una mujer en su vida. Bettina Brentano, una poetisa de 20 años, a la que Ludwig conoce en 1810 y que será otro de sus amores, le presenta a Goethe en Toplitz. Beethoven vive una situación estable, desde el punto de vista económico, y la crítica le considera un genio llamado a ser el sucesor de Mozart. Su producción artística no se interrumpe.

Comienza la composición de las sinfonías y concluye sus cánticos espirituales. Dedica la tercer sinfonía a Napoleón, guerrero victorioso y tenaz, dedicatoria que destruye cuando se entera de su coronación como emperador. En 1808 compone su magistral «Quinta Sinfonía», y en 1823, la «Novena», que se estrena al siguiente año. En los últimos tiempos, agudizada su enfermedad intestinal y completamente sordo, recibe la ayuda de la Sociedad Filarmónica de Londres.Es tradicional dividir la producción beethoveniana en tres etapas.La primera, vivida bajo la influencia más de Haydn que de Mozart, aunque no le falte su personal sello, esta representada en obras como «Sonata patética», algunos de los tiempos lentos de los primeros cuartetos y «Adelaida».

La segunda, está llena de las más bellas muestras de madurez artística, desde la «Tercera Sinfonía» hasta la «Novena», el «Trío en si mayor», la «Sonata Kreutzer», los «Cuartetos», «Fidelio», su intento de crear una ópera auténticamente alemana, y «La batalla de Vitoria», una obra de circunstancias que, sin embargo, fue un éxito clamoroso cuando se interpretó durante el Congreso de Viena.La tercera época, la preferida por todo el romanticismo, está representada por su «Misa solemne», las «Bagatelas», para piano, y su «Novena Sinfonía», cima de la música universal.Obras: Para orquesta, compuso 9 sinfonías, 7 oberturas, 5 conciertos para piano y orquesta, l para violín y orquesta, 1 para piano, violín, violonchelo y orquesta, música de ballet y danzas. Música de cámara: 16 cuartetos, 3 quintetos, 15 tríos, 10 sonatas para violín y piano, 2 sonatas para violonchelo y piano, sexteto, septimino, octeto, serenatas, danzas y variaciones. Para piano: 32 sonatas, 2 sonatinas, 22 series de variaciones, bagatelas, obras menores y para cuatro manos. Canto: Series de «lieder», «Misa en do mayor», «Misa solemne», «Cristo en el Monte de los Olivos» y varias cantatas. Música de teatro: «Fidelio», «Egmont», «Las ruinas de Atenas» y «Opferlied».

 

Períodos en la producción musical de Beethoven:

Dentro de la producción musical de Beethoven podemos distinguir los siguientes períodos creativos:
• Primer período: conclusión del Clasicismo (1794-1800). Bajo la influencia de Haydn y Mozart escribió la Primera y Segunda sinfonías, los seis primeros Cuartetos y las diez primeras Sonatas para piano, entre las que destaca la Patética, de hondo sentido dramático.

• Segundo período: la transición (1800-1815). En este período, las obras musicales de Beethoven manifestar ya características románticas. Compuso la Tercera sinfonía («Heroica»), dedicada en un principio a Napoleón Bonaparte, aunque luego rompió la dedicatoria; la Quinta, la Sexta («Pastoral»), donde evidencia el triunfo de la naturaleza; y la Séptima, que es un canto a la libertad. Asimismo, la Sonata núm. 28, el Concierto «Em peradon> para piano, la ópera Fidelio, en la que canta a la libertad frente a la tiranía, y los Cuartetos, hasta el número 11.

• Tercer período: integración en el Romanticismo (1815-1827). Compuso su obra cumbre, la Novena sinfonía, en la que, en el cuarto tiempo, introdujo la voz humana cantando la «Oda a la alegría» de Schiller, que es un canto de amor a la humanidad, un grito de fraternidad que sublima el dolor y se hace alegría y esperanza. También en este período escribió su Missa solemnís, las Sonatas 28 a 32 y los últimos Cuartetos, considerados como obra capital de la música para cuerda, en los que rompe la forma clásica de los cuatro tiempos.

Un canto a la alegría

Las orquestas de prestigio suelen incluir en su repertorio dos de las mas celebradas sinfonías de Beethoven, la Quinta y la Novena (abajo, la Orquesta Sinfónica de Viena interpretando la Novena, Coral).  De hecho, el cuarto movimiento de la Novena Sinfonía es el favorito del gran público.  Beethoven opto por celebrar la unidad y l vida de todos los hombres en armonía con la naturaleza y con Dios.  Lo tradujo musicalmente en una oda entusiasta, en la que la orquesta y las voces se funden en un himno con la solemnidad del canto gregoriano y la alegría de la música en estado puro.

Quinta Sinfonía

Un prodigio de alternancia: sin introducción, sus cuatro movimientos van desde la tensa construcción del primero a la solemnidad del segundo, pasando por la crispación instrumental del tercero y la apoteosis del cuarto, un insólito crescenso de 50 compases (1808). 

Novena Sinfonía

Se llama Coral por el cuarto movimiento, la famosa Oda a la alegría, un poema de Friedrich V. Schiller adaptado por Beethoven.  Fue estrenada, en el Teatro de la Corte Imperial de Viena, 1824.  En 1972 el Consejo de Europa eligió a la Oda a la alegría como himno europeo. 

CRONOLOGÍA: 

17-12-1770: Ludwig van Beethoven es bautizado en Bonn (Alemania).

1774: Nace su primer hermano, llamado Kart Kaspar.  Goethe publica las desgracias del joven Werther. 

1776: Nace su segundo hermano, Nikolaus Johann. 

1778: Da su primer concierto en Colonia (Alemania).  A los 8 años ya es considerado como un niño prodigio. 

1787: Se traslada a Viena, donde alcanzara el éxito.  Muere su madre y Beethoven debe regresar a Bonn. 

1791: Mozart, uno de sus maestros, muere en la miseria absoluta. 

1792: Se instala en Viena, donde vivirá hasta su muerte.  Muere su padre (derecha).  El cuida de sus hermanos. 

1796: Aparecen sus primeros síntomas de sordera. 

1802: Describe su pesar en el Testamento de Heili-genstadt.  Su sordera ya es total, pero sigue componiendo. 

1804: Napoleón se proclama emperador de Francia.  Beethoven le retira la dedicatoria a su 3ª Sinfonía. 

1805: Estrena su única opera Fidelio, que no triunfara hasta 1816. 

1808: Viena celebra con orgullo su magistral 5ª Sinfonía. 

1812: Escribe la famosa carta a su “amada inmortal”. 

1815: Suicidio de Kart Kaspar.  Beethoven, que había quedado como tutor de su hermano, se culpa de su muerte. 

1824: Beethoven estrena con gran éxito su Novena Sinfonía.  Es su última aparición en público.  Enferma de gravedad. 

26-3-1827: Beethoven muere en Viena a los 57 años

Tomado de: portalplanetasedna.com.ar

 

Más Sobre Beethoven

En Mayo de 1802, y por recomendación del Doctor Johann Adam Schmidt, Beethoven se trasladó a Heiligenstadt para descansar en la temporada de verano, como era siempre su costumbre y como lo fue a lo largo de toda su vida. 

El verano en el campo, era una etapa anual que Beethoven necesitaba de forma imprescindible.  Añoraba la naturaleza, la sensación de libertad, las caminatas por senderos de bosque, etc.  Era también muchas veces el período del año en el cual aparecían sus ideas musicales. Las anotaba en sus innumerables cuadernos de apuntes, y usaba el invierno en Viena para pasar en limpio y terminar, las obras que habían surgido durante el verano.

Ese año en particular, Beethoven estaba atormentado por el aumento de su sordera, tenía ya la sensación de que era una enfermedad que no lo iba a abandonar fácilmente, y  sentía amenazada toda su vida por ella.  La indicación del Dr. Schmidt, abría una esperanza de que con soledad y silencio que una temporada en el campo podría descansar su oído, y recuperar su salud.

Heiligenstadt era en ese momento un pueblito separado de Viena.  No solo un vecindario, parte de la misma ciudad, como en nuestra época. Se tardaba algún tiempo en llegar allí en carruaje.

Deprimido y ya incapaz de esconder su afección creciente, el 6 de Octubre de 1802, Beethoven escribió un documento que guardó luego cuidadosamente, y que fue llamado después “El Testamento de Heiligenstadt”.

Es importante recordar que fue encontrado en el mismo escondite secreto de su escritorio, junto a la carta a la Amada Inmortal, escrita en 1812.

En este emocionante documento, Beethoven revelaba su enfermedad y su angustia frente a la misma.  El escrito tiene una cualidad emocional verdaderamente impactante, cuando lo leemos hoy en día. 

Una segunda pare del testamento fue escrita unos pocos días después, el 10 de Octubre de 1802, y tiene el sonido de un epilogo de lo escrito anteriormente.

La redacción misma del “Testamento”, se encuentra llena de errores de sintaxis y luce una puntuación absolutamente personal.  Las oraciones son largas, a veces de difícil realización y de bastante difícil comprensión.  En la traducción he tratado de conservar, en lo posible, dichas características.  Me pareció completamente irrespetuoso corregir al maestro.

Evidentemente el documento, fue escrito bajo una fuerte presión emocional y tiene una cualidad de inmediatez e impacto muy alta.  La personalidad de Beethoven es claramente perceptible. Esto es evidente también, en la lectura de sus numerosísimas cartas. Pese a que el compositor decía a menudo que no tenia ninguna facilidad para escribir,  se las arreglaba perfectamente para transmitir sus fuertes pensamientos y emociones, claro, no con la misma cualidad estética que en la música, aunque con una muy parecida cualidad emocional.

Podemos notar que tres veces en la redacción el compositor omitió el nombre de pila de su hermano menor  Nikolaus Johann. Podría ser una duda acerca de la forma en la cual nombrarlo (se lo llamaba Nikolaus o Johann indistintamente, en esa época) o alguna pelea con su hermano ocurrida por aquellos momentos. Más allá de diferentes hipótesis que sus biógrafos han pergeñado, no lo sabemos realmente.

Beethoven escribió después dos testamentos más, en 1824 y pocos días antes de su muerte en 1827.  Estos fueron documentos mayormente formales, redactados por un abogado, y racionalmente dedicados a legar sus – pocos – bienes.

Extracto de una carta de Beethoven

“… Mi oído se ha puesto mucho peor en los últimos tres años, hecho que fue causado por la condición de mi estómago…” “… Por dos años, he evitado casi toda reunión social, porque me es imposible decirle a la gente “hable mas fuerte, estoy sordo”… Si yo perteneciera a cualquier otra profesión esto seria mas fácil, pero en la mía el hecho es algo aterrador…” “… Es curioso que en conversación la gente no se da cuenta de mi condición de ningún modo. Como siempre he sido distraído, ellos creen que se trata de eso. A menudo apenas puedo escuchar alguien que habla suavemente, los tonos si, pero no las palabras. De todos modos si alguien grita me resulta intolerable…”  Extractos de una carta a Franz Gerhard Wegeler, su mejor amigo de Bonn, un medico que se trasladó a Viena por algunos años y se caso con Eleonore von Breuning
La carta esta fechada el 29 de Junio, muy probablemente de 1801, también.

 Tomado de: lvbeethoven.com

 

Newton y sus leyes universales

Newton y sus leyes universales

Isaac Newton, regalo de Navidad para el mundo, nació en una granja de un pueblecito inglés, el 25 de diciembre de 1642. Debió haber parecido, sin embargo, un regalo muy pequeñito, ya que su madre solía asegurar que, al nacer, podría haber cabido muy bien en un jarro de un litro. Este niño de dimensiones infranormales, nacido prematuramente de una madre que acababa de enviudar y del que no se esperaba que sobreviviera, crecería y llegaría a ser uno de los más grandes genios de la humanidad.
Las realizaciones efectuadas por Newton en matemáticas, mecánica, gravitación y óptica, fueron tan grandes y fundamentales, que cada una de ellas le habría valido fama imperecedera aun cuando no hubiese hecho nada más.
Al volver a casarse su madre (tenía el niño entonces unos dos años de edad), Isaac fue enviado a vivir con su abuela. Poco de lo conocido sobre él en esta época hubiese anticipado un genio excepcional. Demostró gran interés por los trabajos manuales: construyó un modelo de molino de viento (que funcionó), algunos relojes de agua y un reloj de sol en piedra (que ahora tiene en su poder la Sociedad Real de Londres). Era aficionado a la lectura y a la copia de dibujos y coleccionaba flores e hierbas.
A los catorce años fue llevado a vivir nuevamente con su madre, que acababa de enviudar por segunda vez (…), para ayudarla en las tareas de la granja. El joven Newton demostró carecer por completo de aptitudes para granjero. En vez de atender a sus obligaciones, leía, soñaba despierto o construía modelos de madera. Finalmente, su madre acordó que se preparara para ingresar en una escuela. Así, pues, a los dieciocho años, Newton salió para la Universidad de Cambridge, en cuyo famoso Trinity College fue aceptado.
Pasó cuatro años en Cambridge y, en 1665, obtuvo su título de Bachiller en Artes. En Cambridge fue protegido por Isaac Barrow, su profesor de matemáticas. Barrow reconoció que su alumno superaba el nivel común y lo animó a desarrollar su capacidad matemática.

La epidemia y los estudios
Inglaterra sufría una epidemia de peste bubónica que había eliminado a la décima parte de su población. Cambridge fue clausurado y los estudiantes volvieron a sus hogares. Newton volvió a la pequeña granja en la que había nacido y allí pasó la mayoría del tiempo, hasta que la universidad abrió nuevamente sus puertas, un año y medio después.
Los dieciocho meses que pasó junto a su madre fueron, probablemente, los más fructíferos que recuerda la historia de la ciencia. Newton esbozó las leyes básicas de la mecánica y las aplicó a los cuerpos celestes, descubrió la ley fundamental de la gravitación, inventó los métodos del cálculo diferencial e integral y echó las bases de sus grandes descubrimientos de óptica. Pasaría el resto de su vida científica explicando, difundiendo y aplicando estos descubrimientos, pero la creación tuvo lugar en aquellos dieciocho meses transcurridos entre el vigésimo tercero y vigésimo cuarto año de su vida.
Newton no dio a conocer al mundo sus maravillosos descubrimientos. Esta reserva suya habría de complicarlo en controversias y disputas a lo largo de toda su carrera.
Newton regresó para hacerse cargo de la ayudantía de una cátedra en Cambridge, cuando la universidad volvió a funcionar en 1667. Escaló posiciones rápidamente y, a los veintiséis años, sucedió a su profesor y patrocinador Isaac Barrow, en la cátedra de matemáticas.
Newton y los secretos de la luz
Por aquel entonces, había llevado a cabo considerable trabajo experimental en el estudio de la luz. Le molestaba que sus telescopios, como todos los de su época, produjeran imágenes festoneadas de color y por lo tanto borrosas. Intentando remediar este inconveniente, realizó un estudio detallado de la luz, para lo cual utilizó un prisma triangular de cristal. La experiencia básica consistía en hacer que un rayo de luz atravesara el prisma. Trabajaba en un cuarto oscurecido y obtenía el rayo de luz de un orificio practicado en la persiana. Observó que el rayo de luz blanco se descomponía en forma de franja con los colores del arco iris, que él denominó espectro. Los colores estaban dispuestos en este orden: rojo, anaranjado, amarillo, verde, azul, índigo y violeta.
A continuación obstruyó el paso de todos los colores menos uno, el violeta, por ejemplo. Hizo pasar este rayo de luz violeta por otro prisma, y notó que se desviaba, pero el color permanecía invariable, el violeta seguía siendo violeta. Repitió el experimento con cada uno de los restantes colores. Estos no se descomponían como lo había hecho la luz blanca, pero todos ellos se desviaban en distinta medida al atravesar el segundo prisma. Newton sacó una conclusión sencilla pero sorprendente: ¡la luz blanca del Sol era una mezcla de todos los colores del espectro! El cristal del prisma desviaba cada color en distinta medida y de este modo los separaba.
De este experimento extrajo Newton la certeza de que era imposible construir lentes que no produjeran orlas de color. Abandonó el telescopio de refracción y diseñó un telescopio reflector, que emplea un espejo cóncavo de metal para enfocar la luz de las estrellas. Dado que la luz no atraviesa cristal alguno en este tipo de telescopio, no existe desviación despareja de la luz ni orlas de color. Es interesante señalar que cerca de cien años después se comenzaron a producir lentes que no descomponen la luz. Estos lentes, que reciben el nombre de “acromáticos”, se construyen mediante la combinación de diferentes tipos de cristales ópticos.
Newton hizo por sí solo la construcción de la parte mecánica de su telescopio. El espejo medía alrededor de una pulgada de diámetro. El observatorio Monte Palomar (Instituto de Tecnología de la Universidad de California) cuenta con un telescopio cuyo espejo mide más de cinco metros de diámetro (!!).
Su trabajo en óptica, tema de su primera publicación científica, fue recibido tanto con críticas como con aplausos. Newton se vio obligado a defender sus teorías contra los sabios más capaces de sus días: Huygens, Hook y otros. En medio de estas controversias, tuvo ocasión de formular una de las claves del método científico: “La manera mejor y más segura de realizar trabajos científicos parece consistir en: primero, averiguar diligentemente y establecer por medio de la experimentación las propiedades de las cosas; y luego, desarrollar lentamente la teoría para explicar estas propiedades”.
La formulación de las leyes fundamentales de la mecánica clásica
A los treinta años o poco más, Newton era conocido en el mundo de la ciencia como un gran experimentador y teórico. Harto ya de tener que contestar críticas, decidió no publicar más descubrimientos. Continuó, no obstante, trabajando en torno de sus teorías y con esto y todo halló tiempo para desempeñarse en el Parlamento como representante de la Universidad.
En 1684, el famoso astrónomo Edmund Halley visitó a Newton con el propósito de cambiar ideas acerca de las teorías de Kepler sobre el movimiento de los planetas. De este cambio de ideas surgió para Halley la evidencia de que Newton había desarrollado en detalle una de las leyes más fundamentales, la de la gravitación universal. Halley logró convencer a Newton de que sus ideas debían ser publicadas y, para evitarle inconvenientes, ofreció hacerse cargo de todos los detalles y pagar los gastos de impresión, pese a no ser un hombre rico.
El resultado, que llevó por título Philosophiae Naturalis Principia Mathematica, constaba de tres secciones denominadas “libros” y estaba escrito totalmente en latín, idioma científico de la época. Una traducción aproximada sería: Principios Matemáticos de la Ciencia. Los Principia, que marcan una etapa en la historia de la humanidad, demuestran que todos los movimientos, terrestres o extraterrestres, obedecen a las mismas reglas.
Todas las leyes del movimiento de Newton están desarrolladas en su libro. La primera de estas leyes dice: Todo cuerpo en reposo permanece en reposo a menos que sea forzado a cambiar; todo cuerpo en movimiento seguirá moviéndose a la misma velocidad y en la misma dirección, a menos que sea forzado a cambiar.
Newton se dio cuenta que, para hacer que un objeto se mueva, ya se trate de una manzana que cae de un árbol o de las mareas que se producen en el mar, es necesaria la presencia de una fuerza. Observe Ud. lo que pasa cuando el automóvil en que viajamos se detiene súbitamente: nosotros continuamos moviéndonos hacia adelante; o sea que continuamos en movimiento hasta que somos forzados a detenernos, tal vez por el choque contra el asiento delantero. Estos fenómenos habían sido advertidos antes de Newton, pero fue él quien los explicitó matemáticamente.
La segunda ley enseña que la fuerza aplicada puede ser medida en comparación con el grado de variación del movimiento. Grado de variación del movimiento es lo que se llama aceleración y se refiere a la rapidez con que aumenta o disminuye la velocidad.
La tercera ley dice que toda acción provoca una reacción de igual intensidad y de sentido contrario. Esto tiene numerosas aplicaciones, de las cuales la más espectacular es el vuelo de los cohetes. Observe Ud. un regador de césped: mientras el agua abandona la boquilla, la boquilla retrocede.
La ley de la gravitación universal es la más sorprendente. En ella, Newton afirma y prueba que cada partícula de materia atrae a toda otra partícula de materia. No solo la Tierra atrae a la manzana, sino que, además, la manzana atrae a la Tierra. Esto se aplica a todos los planetas. El Sol atrae a la Tierra, la Tierra atrae a la Luna y la Luna atrae a la Tierra. Mostró que la atracción entre los cuerpos depende de la masa de esos cuerpos y de la distancia que los separa, y enseñó a calcular estas fuerzas.
El segundo libro de Principia desarrolla las ideas del primero, pero incluye algunas de las causas que se oponen al movimiento. Expone, por ejemplo, las formas que debe tener un barco para originar menor resistencia al avance. En este libro, además, da una explicación matemática del movimiento ondulatorio que tan importante ha resultado en la física moderna.
El tercer libro es reconocido como un sobresaliente triunfo de la inteligencia humana. Newton toma en él los principios de movimientos y de la gravitación tal como los dedujo de sus observaciones de los objetos terrestres, y extiende estos conceptos a la Tierra y a los planetas que giran en torno del Sol. Calculó la masa del Sol y de la Tierra. Mostró a qué se debe atribuir, matemáticamente, el hecho de que la Tierra sea un cuerpo aplanado en los polos y abultado en el Ecuador. Analizó las principales perturbaciones que se producen en la órbita que la Luna sigue alrededor de la Tierra y demostró exactamente cómo son producidas por la atracción solar. Explicó la atracción que el Sol y la Luna ejercen sobre las aguas de los mares y elaboró así la teoría matemática acerca de las mareas.
Los últimos años
En 1699 fue designado director de la Casa de la Moneda y dirigió la reforma del diseño de las monedas, las que hizo a fuerza de falsificaciones. En 1703 fue elegido presidente de la Sociedad Real y en este cargo lo sorprendió la muerte. Había sido elevado a la nobleza por la reina Ana, en 1705.
En 1727, a los ochenta y cinco años, murió y fue inhumado en la Abadía de Westminster. Sabio sobresaliente de su época, reconoció su deuda para con quienes le habían precedido, con las siguientes palabras: 

Si he llegado a ver más lejos, ha sido gracias a que he subido a los hombros de gigantes”…

Tomado de: espacial.org

 

Galileo visionario del cosmos

 

Curioso del cosmos

Galileo Galilei nació en Pisa el 15 de febrero de 1564. Lo poco que, a través de algunas cartas, se conoce de su madre, Giulia Ammannati di Pescia, no compone de ella una figura demasiado halagüeña. Su padre, Vincenzo Galilei, era florentino y procedía de una familia que tiempo atrás había sido ilustre; músico de vocación, las dificultades económicas lo habían obligado a dedicarse al comercio, profesión que lo llevó a instalarse en Pisa. Hombre de amplia cultura humanista, fue un intérprete consumado y un compositor y teórico de la música, cuyas obras sobre el tema gozaron de una cierta fama en la época. De él hubo de heredar Galileo no sólo el gusto por la música (tocaba el laúd), sino también el carácter independiente y el espíritu combativo, y hasta puede que el desprecio por la confianza ciega en la autoridad y el gusto por combinar la teoría con la práctica. Galileo fue el primogénito de siete hermanos de los que tres (Virginia, Michelangelo y Livia) hubieron de contribuir, con el tiempo, a incrementar sus problemas económicos. En 1574 la familia se trasladó a Florencia y Galileo fue enviado un tiempo al monasterio de Santa Maria di Vallombrosa, como alumno o quizá como novicio.

 

Juventud académica

En 1581 Galileo ingresó en la Universidad de Pisa, donde se matriculó como estudiante de medicina por voluntad de su padre. Cuatro años más tarde, sin embargo, abandonó la universidad sin haber obtenido ningún título, aunque con un buen conocimiento de Aristóteles. Entretanto, se había producido un hecho determinante en su vida: su iniciación en las matemáticas, al margen de sus estudios universitarios, y la consiguiente pérdida de interés por su carrera como médico. De vuelta en Florencia en 1585, Galileo pasó unos años dedicado al estudio de las matemáticas, aunque interesado también por la filosofía y la literatura (en la que mostraba sus preferencias por Ariosto frente a Tasso); de esa época data su primer trabajo sobre el baricentro de los cuerpos -que luego recuperaría, en 1638, como apéndice de la que habría de ser su obra científica principal- y la invención de una balanza hidrostática para la determinación de pesos específicos, dos contribuciones situadas en la línea de Arquímedes, a quien Galileo no dudaría en calificar de «sobrehumano».

Tras dar algunas clases particulares de matemáticas en Florencia y en Siena, trató de obtener un empleo regular en las universidades de Bolonia, Padua y en la propia Florencia. En 1589 consiguió por fin una plaza en el Estudio de Pisa, donde su descontento por el paupérrimo sueldo percibido no pudo menos que ponerse de manifiesto en un poema satírico contra la vestimenta académica. En Pisa compuso Galileo un texto sobre el movimiento, que mantuvo inédito, en el cual, dentro aún del marco de la mecánica medieval, criticó las explicaciones aristotélicas de la caída de los cuerpos y del movimiento de los proyectiles; en continuidad con esa crítica, una cierta tradición historiográfica ha forjado la anécdota (hoy generalmente considerada como inverosímil) de Galileo refutando materialmente a Aristóteles mediante el procedimiento de lanzar distintos pesos desde lo alto del Campanile, ante las miradas contrariadas de los peripatéticos…

En 1591 la muerte de su padre significó para Galileo la obligación de responsabilizarse de su familia y atender a la dote de su hermana Virginia. Comenzaron así una serie de dificultades económicas que no harían más que agravarse en los años siguientes; en 1601 hubo de proveer a la dote de su hermana Livia sin la colaboración de su hermano Michelangelo, quien había marchado a Polonia con dinero que Galileo le había prestado y que nunca le devolvió (por el contrario, se estableció más tarde en Alemania, gracias de nuevo a la ayuda de su hermano, y envió luego a vivir con él a toda su familia).

La necesidad de dinero en esa época se vio aumentada por el nacimiento de los tres hijos del propio Galileo: Virginia (1600), Livia (1601) y Vincenzo (1606), habidos de su unión con Marina Gamba, que duró de 1599 a 1610 y con quien no llegó a casarse. Todo ello hizo insuficiente la pequeña mejora conseguida por Galileo en su remuneración al ser elegido, en 1592, para la cátedra de matemáticas de la Universidad de Padua por las autoridades venecianas que la regentaban. Hubo de recurrir a las clases particulares, a los anticipos e, incluso, a los préstamos. Pese a todo, la estancia de Galileo en Padua, que se prolongó hasta 1610, constituyó el período más creativo, intenso y hasta feliz de su vida.

En Padua tuvo ocasión Galileo de ocuparse de cuestiones técnicas como la arquitectura militar, la castrametación, la topografía y otros temas afines de los que trató en sus clases particulares. De entonces datan también diversas invenciones, como la de una máquina para elevar agua, un termoscopio y un procedimiento mecánico de cálculo que expuso en su primera obra impresa: Le operazioni del compasso geometrico e militare, 1606. Diseñado en un principio para resolver un problema práctico de artillería, el instrumento no tardó en ser perfeccionado por Galileo, que amplió su uso en la solución de muchos otros problemas. La utilidad del dispositivo, en un momento en que no se habían introducido todavía los logaritmos, le permitió obtener algunos ingresos mediante su fabricación y comercialización.

En 1602 Galileo reemprendió sus estudios sobre el movimiento, ocupándose del isocronismo del péndulo y del desplazamiento a lo largo de un plano inclinado, con el objeto de establecer cuál era la ley de caída de los graves. Fue entonces, y hasta 1609, cuando desarrolló las ideas que treinta años más tarde, constituirían el núcleo de sus Discorsi.

 

El mensaje de los astros

En julio de 1609, de visita en Venecia (para solicitar un aumento de sueldo), Galileo tuvo noticia de un nuevo instrumento óptico que un holandés había presentado al príncipe Mauricio de Nassau; se trataba del anteojo, cuya importancia práctica captó Galileo inmediatamente, dedicando sus esfuerzos a mejorarlo hasta hacer de él un verdadero telescopio. Aunque declaró haber conseguido perfeccionar el aparato merced a consideraciones teóricas sobre los principios ópticos que eran su fundamento, lo más probable es que lo hiciera mediante sucesivas tentativas prácticas que, a lo sumo, se apoyaron en algunos razonamientos muy sumarios.

Galileo ante el Santo Oficio (Óleo de Robert-Fleury)

Sea como fuere, su mérito innegable residió en que fue el primero que acertó en extraer del aparato un provecho científico decisivo. En efecto, entre diciembre de 1609 y enero de 1610 Galileo realizó con su telescopio las primeras observaciones de la Luna, interpretando lo que veía como prueba de la existencia en nuestro satélite de montañas y cráteres que demostraban su comunidad de naturaleza con la Tierra; las tesis aristotélicas tradicionales acerca de la perfección del mundo celeste, que exigían la completa esfericidad de los astros, quedaban puestas en entredicho. El descubrimiento de cuatro satélites de Júpiter contradecía, por su parte, el principio de que la Tierra tuviera que ser el centro de todos los movimientos que se produjeran en el cielo. En cuanto al hecho de que Venus presentara fases semejantes a las lunares, que Galileo observó a finales de 1610, le pareció que aportaba una confirmación empírica al sistema heliocéntrico de Copérnico, ya que éste, y no el de Tolomeo, estaba en condiciones de proporcionar una explicación para el fenómeno.

Ansioso de dar a conocer sus descubrimientos, Galileo redactó a toda prisa un breve texto que se publicó en marzo de 1610 y que no tardó en hacerle famoso en toda Europa: el Sidereus Nuncius, el ‘mensajero sideral’ o ‘mensajero de los astros’, aunque el título permite también la traducción de ‘mensaje’, que es el sentido que Galileo, años más tarde, dijo haber tenido en mente cuando se le criticó la arrogancia de atribuirse la condición de embajador celestial.

El libro estaba dedicado al gran duque de Toscana Cósimo II de Médicis y, en su honor los satélites de Júpiter recibían allí el nombre de «planetas Medíceos». Con ello se aseguró Galileo su nombramiento como matemático y filósofo de la corte toscana y la posibilidad de regresar a Florencia, por la que venía luchando desde hacía ya varios años. El empleo incluía una cátedra honoraria en Pisa, sin obligaciones docentes, con lo que se cumplía una esperanza largamente abrigada y que le hizo preferir un monarca absoluto a una república como la veneciana, ya que, como él mismo escribió, «es imposible obtener ningún pago de una república, por espléndida y generosa que pueda ser, que no comporte alguna obligación; ya que, para conseguir algo de lo público, hay que satisfacer al público».

 

La batalla del copernicanismo

El 1611 un jesuita alemán, Christof Scheiner, había observado las manchas solares publicando bajo seudónimo un libro acerca de las mismas. Por las mismas fechas Galileo, que ya las había observado con anterioridad, las hizo ver a diversos personajes durante su estancia en Roma, con ocasión de un viaje que se calificó de triunfal y que sirvió, entre otras cosas, para que Federico Cesi le hiciera miembro de la Accademia dei Lincei que él mismo había fundado en 1603 y que fue la primera sociedad científica de una importancia perdurable.

Bajo sus auspicios se publicó en 1613 la Istoria e dimostrazione interno alle macchie solari, donde Galileo salía al paso de la interpretación de Scheiner, quien pretendía que las manchas eran un fenómeno extrasolar («estrellas» próximas al Sol, que se interponían entre éste y la Tierra). El texto desencadenó una polémica acerca de la prioridad en el descubrimiento, que se prolongó durante años e hizo del jesuita uno de los más encarnizados enemigos de Galileo, lo cual no dejó de tener consecuencias en el proceso que había de seguirle la Inquisición. Por lo demás, fue allí donde, por primera y única vez, Galileo dio a la imprenta una prueba inequívoca de su adhesión a la astronomía copernicana, que ya había comunicado en una carta a Kepler en 1597.

Ante los ataques de sus adversarios académicos y las primeras muestras de que sus opiniones podían tener consecuencias conflictivas con la autoridad eclesiástica, la postura adoptada por Galileo fue la de defender (en una carta dirigida a mediados de 1615 a Cristina de Lorena) que, aun admitiendo que no podía existir contradicción ninguna entre las Sagradas Escrituras y la ciencia, era preciso establecer la absoluta independencia entre la fe católica y los hechos científicos. Ahora bien, como hizo notar el cardenal Bellarmino, no podía decirse que se dispusiera de una prueba científica concluyente en favor del movimiento de la Tierra, el cual, por otra parte, estaba en contradicción con las enseñanzas bíblicas; en consecuencia, no cabía sino entender el sistema copernicano como hipotético. En este sentido, el Santo Oficio condenó el 23 de febrero de 1616 al sistema copernicano como «falso y opuesto a las Sagradas Escrituras», y Galileo recibió la admonición de no enseñar públicamente las teorías de Copérnico.

Parte final del documento de abjuración de Galileo

Galileo, conocedor de que no poseía la prueba que Bellarmino reclamaba, por más que sus descubrimientos astronómicos no le dejaran lugar a dudas sobre la verdad del copernicanismo, se refugió durante unos años en Florencia en el cálculo de unas tablas de los movimientos de los satélites de Júpiter, con el objeto de establecer un nuevo método para el cálculo de las longitudes en alta mar, método que trató en vano de vender al gobierno español y al holandés.

En 1618 se vio envuelto en una nueva polémica con otro jesuita, Orazio Grassi, a propósito de la naturaleza de los cometas, que dio como resultado un texto, Il Saggiatore (1623), rico en reflexiones acerca de la naturaleza de la ciencia y el método científico, que contiene su famosa idea de que «el Libro de la Naturaleza está escrito en lenguaje matemático». La obra, editada por la Accademia dei Lincei, venía dedicada por ésta al nuevo papa Urbano VIII, es decir, el cardenal Maffeo Barberini, cuya elección como pontífice llenó de júbilo al mundo culto en general y, en particular, a Galileo, a quien el cardenal había ya mostrado su afecto.

La nueva situación animó a Galileo a redactar la gran obra de exposición de la cosmología copernicana que ya había anunciado en 1610: el Dialogo sopra i due massimi sistemi del mondo, tolemaico e copernicano; en ella, los puntos de vista aristotélicos defendidos por Simplicio se confrontaban con los de la nueva astronomía abogados por Salviati, en forma de diálogo moderado por la bona mens de Sagredo. Aunque la obra fracasó en su intento de estar a la altura de las exigencias expresadas por Bellarmino, ya que aportaba, como prueba del movimiento de la Tierra, una explicación falsa de las mareas, la inferioridad de Simplicio ante Salviati era tan manifiesta que el Santo Oficio no dudó en abrirle un proceso a Galileo, pese a que éste había conseguido un imprimatur para publicar el libro en 1632. Iniciado el 12 de abril de 1633, el proceso terminó con la condena a prisión perpetua, pese a la renuncia de Galileo a defenderse y a su retractación formal. La pena fue suavizada al permitírsele que la cumpliera en su quinta de Arcetri, cercana al convento donde en 1616 y con el nombre de sor Maria Celeste había ingresado su hija más querida, Virginia, que falleció en 1634.

En su retiro, donde a la aflicción moral se sumaron las del artritismo y la ceguera, Galileo consiguió completar la última y más importante de sus obras: los Discorsi e dimostrazioni matematiche intorno à due nueve scienze, publicado en Leiden por Luis Elzevir en 1638. En ella, partiendo de la discusión sobre la estructura y la resistencia de los materiales, Galileo sentó las bases físicas y matemáticas para un análisis del movimiento, que le permitió demostrar las leyes de caída de los graves en el vacío y elaborar una teoría completa del disparo de proyectiles. La obra estaba destinada a convertirse en la piedra angular de la ciencia de la mecánica construida por los científicos de la siguiente generación, con Newton a la cabeza.

En la madrugada del 8 al 9 de enero de 1642, Galileo falleció en Arcetri confortado por dos de sus discípulos, Vincenzo Viviani y Evangelista Torricelli, a los cuales se les había permitido convivir con él los últimos años.

“En lo tocante a la ciencia, la autoridad de un millar no es superior al humilde razonamiento de una sola persona”….Galileo Galilei

 

Tomado de: biografiasyvidas.com


Galeano y su crítica lúcida

Eduardo Germán Hughes Galeano, nace en Montevideo el 3 de septiembre de 1940. En él conviven el periodismo, el ensayo y la narrativa, siendo ante todo un cronista de su tiempo, certero y valiente, que ha retratado con agudeza la sociedad contemporánea, penetrando en sus lacras y en sus fantasmas cotidianos. Lo periodístico vertebra su obra de manera prioritaria. De tal modo que no es posible escindir su labor literaria de su faceta como periodista comprometido.

A los 14 años entró en el mundo del periodismo, publicando dibujos que firmaba “Gius”, por la dificultosa pronunciación castellana de su primer apellido. Algún tiempo después empezó a publicar artículos. Se firmó Galeano y así se le conoce. Ha hecho de todo: fue mensajero y dibujante, peón en una fábrica de insecticidas, cobrador, taquígrafo, cajero de banco, diagramador, editor y peregrino por los caminos de América.

En sus inicios fue redactor jefe de la prestigiosa revista Marcha (1960-64), publicación que durante décadas dio cobijo a las voces más interesantes de las letras uruguayas y que terminó siendo silenciada en 1974 por la dictadura. En el año 1964 Galeano es director del diario Época. En 1973 Galeano tuvo que exiliarse a Argentina en donde funda y dirige una revista literaria titulada Crisis, en la que también destaca la labor del poeta Juan Gelman. En 1975 se instala en España, encontrando un país que estaba a punto de dar un salto histórico cualitativo, con el octogenario dictador como sombra de sí mismo. Reside en Calella, al norte de Barcelona. Publica en revistas españolas y colabora con una radio alemana y un canal de televisión mexicano.

Sus primeros escritos son reportajes de corte político en los que la realidad aparece continuamente golpeada por las circunstancias. Tanto el reportaje titulado “China” (1964) como “Crónica de un desafío”, del mismo año, o “Guatemala, un país ocupado” (1967) reflejan una escritura de urgencia, de denuncia, que retrata la cotidianeidad de unos tiempos difíciles con una escritura situada siempre en primera línea de los hechos que vertebran el presente. Con “Las venas abiertas de América latina” (1971), explicativo título, logró su obra más popular y citada, condenando la opresión de un continente a través de páginas brutalmente esclarecedoras que se sumergen en la amargura creciente y endémica de América Latina. Esta obra ha sido traducida a dieciocho idiomas y mereció encendidos elogios desde diversos sectores. El escritor alemán Heinrich Böll, Premio Nobel de Literatura en 1972 y autor de “Opiniones de un payaso”, obra clave de la literatura contemporánea, llegó a decir a propósito de la obra de Galeano que pocas obras en los últimos tiempos le habían conmovido tanto.

Junto al Galeano periodista empieza a aparecer el Galeano narrador que prolonga en sus obras su visión de América Latina. De la novela corta “Los días siguientes” (1963) a los relatos contenidos en “Vagamundo” (1973) pasan diez años pero se mantiene una misma percepción de las cosas, continuada en “La canción de nosotros” que merecío el premio Casa de las Américas de 1975. En Galeano el contexto político y social no puede eludirse y es el marco central en el que transitan sus historias. “Días y noches de amor y de guerra” (1978) se enmarca en los difíciles días de la dictadura en Argentina y Uruguay.

Con la “Memoria del fuego” hay una recuperación del pasado indigenista. Esta obra narra la odisea de las dos Américas, centrándose en los hechos más cotidianos, componiendo una trilogía febril e incisiva, apoyada en la rigurosidad de las fuentes y en la que se entrecruzan crónicas históricas con pinceladas del presente, siempre en busca de un futuro más justo. De aquella trilogía histórica formaban parte “Los nacimientos” (1982), “Las caras y las máscaras” (1984) y “El siglo del viento” (1986). En los tres libros hay un mismo objetivo y como dice el periodista italiano Gianni Miná, una voz incisiva y militante que trata de impedir que se olvide la tragedia que asola a quienes viven en el más completo subdesarrollo.

“La memoria del fuego” está estructurada en torno a pequeñas vivencias cotidianas que es en donde encuentra Galeano la verdadera grandeza del ser humano. La intrahistoria es el universo en el que caminan las obras del escritor uruguayo, al margen de grandes gestas y de sucesos grandilocuentes, que se apartan del hombre de a pie y del verdadero devenir de los acontecimientos históricos. Son, en palabras de Galeano, historias pequeñas, pero no minimalistas.

Joan Manuel Serrat toma prestado un fragmento de una de estas historias de la “Memoria del fuego” para ilustrar a modo de presentación en sus recitales el tema “Che Pykasumi”, que el cantautor interpreta en lengua guaraní.

Un año antes de la publicación de “El siglo del viento” y una vez terminada la dictadura uruguaya regresa a Montevideo. Tres años después firma “El libro de los abrazos”, de contenido más sutil y poético. El propio Galeano definiría de este modo la raíz de esta obra: “Creo que un autor al escribir abraza a los demás. Y éste es un libro sobre los vínculos con los demás, los nexos que la memoria ha conservado, vínculos de amor, solidaridad. Historias verdaderas vividas por mí y por mis amigos, y como mi memoria está llena de tantas personas, es al mismo tiempo un libro de “muchos”… Es un equívoco que ha fragmentado los lazos de solidaridad, que ha condenado a este mundo de finales de siglo a tener hambre de abrazos, a padecer de soledad, el peor tipo de soledad: la soledad en compañía. Es el mismo proceso que se manifiesta con la pobreza”.

El mismo año de “El libro de los abrazos” aparece “Nosotros decimos no”. En 1992 publica “Ser como ellos y otros artículos” y un año después “Las palabras andantes”, recopilación de cuentos y reflexiones ilustrados por el artista brasileño José Francisco Borges. El propósito de Galeano en los 90 sigue siendo el mismo que le había impulsado en las otras décadas. Palpar la realidad y luego derramarla en un libro. Como respiro, muestra su pasión por el fútbol y lo reivindica desde la literatura, al modo que ztambién hará Javier Marías, en un libro titulado “El fútbol a sol y sombra”.

En 1998 Galeano ofrece en “Patas arriba. La escuela del mundo al revés”, otro de esos libros de denuncia que no edulcoran el presente ni rehuyen de sus sombras. Es por tanto Galeano un ejemplo de coherencia en una obra que sirve siempre de guía a la hora de definir un continente como el de América Latina que debe seguir cerrando heridas. La voz de Galeano suena clara en el marasmo de intereses e injusticias cotidianas. Más allá de una obra literariamente sólida, está la figura del cronista que persigue injusticias, que conjura temores, que rescata del abismo personajes e historias postergadas.

La obra de Eduardo Galeano nos convoca a mirar qué pasado hemos levantado y qué futuro estamos dejando para nuestros descendientes. Establece un frente común contra la pobreza, la miseria moral y material, la hipocresía de un mundo que sigue abriendo cada vez más distancias entre los que tienen y los que no tienen. Lo demagógico puede ser un riesgo inevitable en este tipo de propuestas, pero Galeano la salva con un estilo conciso, brillante y, sobre todas las cosas, necesario. En Eduardo Galeano hay un compromiso constante con el ser humano y sobre todo una fidelidad a unas ideas que condenan el neoliberalismo y que siguen apostando por un socialismo real, no de andar por casa, y que de alguna forma recupere el pulso perdido, lejos del presente en el que el hombre es visto como una mercancía y en el que parece que no hay lugar para las utopías.

Eduardo Galeano reside desde 1985, -tras finalizar la dictadura uruguaya-, en su Montevideo natal donde sigue haciendo su literatura y su periodismo de marcado tinte político.

Tomado de: sololiteratura.com

Gandhi y la No Violencia

Gran Alma

(Mohandas Karamchand Gandhi; Porbandar, 1869 – Delhi, 1948) Pensador y líder del nacionalismo indio. Es la personalidad indígena más relevante de la historia india contemporánea. Domina la escena política y social de la India durante la primera mitad del siglo XX. Valioso legado de su actividad encaminada al bien de sus compatriotas y a la independencia de su país en el marco de una extraordinaria concepción filantrópica y humanitaria, ha quedado la obra titulada por él Historia de mis experiencias con la verdad (que en su primera redacción data de unos veinte años antes de su muerte), una mole ingente y varia de artículos publicados en revistas y periódicos, numerosos discursos oficiales pronunciados en la India y en Inglaterra y las abundantes alocuciones de carácter familiar y paternal dirigidas al pueblo y cuyo vivo y religioso recuerdo se mantiene todavía.

Gandhi

Pasó la infancia en un ambiente familiar ordenado y recogido que dejó en él una huella      indeleble. Su padre era funcionario estatal de grado elevado y su madre conservaba una fe religiosa apasionada y operante que se remontaba a las antiguas y sagradas tradiciones brahmánicas e hindúes. Después de haber seguido en su patria un curso regular de estudios y cuando tenía cerca de veinte años, mantuvo durante tres años un primer contacto directo con la cultura occidental, viviendo en Londres, donde esperaba perfeccionarse en los estudios jurídicos.

Regresó después a la India; pero no permaneció allí mucho tiempo. Los ideales que guiaron toda su vida y que se identifican con un ardiente amor a la India (cuya antigua civilización y algunas épocas gloriosas de su historia trimilenaria se le aparecían como firmes bases para la deseada unión nacional) y una necesidad innata de llevar a cabo la difícil misión con un espíritu de amor y caridad hacia la humanidad entera, comienzan a revelarse públicamente con el generoso impulso con que Gandhi -habiéndose trasladado en 1893 al África meridional- se dedicó a realizar la obra de redención y de elevación moral y social de muchos millares de indios allí residentes.

Numerosas y variadas fueron sus iniciativas humanitarias; instituyó colonias agrícolas y hospitales, y, sobre todo desde entonces, trató de eliminar las castas y religiones que dividían a su pueblo. En sus relaciones y en sus inevitables choques con las autoridades gubernativas de Sudáfrica inauguró un método de lucha, o mejor de resistencia que mantenía el respeto a la persona humana y evitaba la revuelta armada; y ya en África, en 1906, puso en práctica el “satyagraha” (“obstinación por la verdad”), conocido en Occidente con el nombre de “resistencia pasiva”.

Regresó a finales de 1914 a la India, donde llevó una vida retirada hasta 1918, término de la primera Guerra Mundial. A partir de este año, Gandhi fue prácticamente el jefe del movimiento nacionalista. Su bandera, al principio la simple “autonomía”, que toma su base de la “autonomía económica” a la que se llega mediante la “no colaboración” y después con la “desobediencia civil”, pasa a ser en fin el símbolo de la “independencia nacional” (“svaraj”).

1920 señala una fecha importante en la vida de Gandhi, porque fue precisamente en este año, en ocasión de la sesión extraordinaria del Congreso Nacional Indio en Calcuta y en la ordinaria celebrada poco después en Nagpur, cuando Gandhi obtuvo un gran éxito personal, por cuanto en la primera fue aprobada y en la segunda ratificada la puesta en práctica de una gradual resistencia pasiva, deseada y ardientemente propugnada por Gandhi.

Se convierte entonces en primerísima figura, no sólo en el seno del Congreso, sino en toda la India; y a este año se remonta el título de “Mahatma”, que el mismo pueblo le confirió en un impulso espontáneo de entusiasmo y de devoción; y dicho apelativo, que significa literalmente “el magnánimo” y alude a sus dotes de “profeta” y de “santo” que las masas le reconocían, lo glorifica y lo señala para la posteridad.

Los períodos sucesivos de la vida de Gandhi muestran una ininterrumpida serie de episodios durante los cuales continuó su actividad política, con pausas más o menos largas pasadas en duras prisiones. De 1930 es una vigorosa llamada directa al pueblo, redactada por entero por Gandhi y sancionada por el Congreso; llamada en la que se siente vibrar toda la pasión y todo el amor de Gandhi por su tierra madre y su anhelo por liberarla de la dominación extranjera. De aquel mismo año es su valerosa actuación contra las leyes del monopolio de la sal y su memorable marcha de tres semanas, osada y simbólica al mismo tiempo, realizada en medio del entusiasmo irrefrenable de las muchedumbres a lo largo del recorrido que separa la ciudad de Ahmedabad de la pequeña localidad costera de Dandi.

A finales de 1931 participa en Londres en la segunda conferencia de la Mesa Redonda. Pero la conferencia marcó un fracaso para la causa india. Vuelto a su patria, Gandhi vivió durante algunos años apartado de la política oficial; pero dedicado a su apasionada atención a los problemas sociales, especialmente al concerniente a los “intocables”. Reapareció en la escena política en 1940, durante la segunda Guerra Mundial, y con indómita constancia, continuó luchando -siempre inerme- por aquellos ideales de cuya fe nunca se apartó; y así mantuvo una esperanza inquebrantable hasta el día de su sacrificio.

Gandhi ha sido jefe y maestro de su pueblo y lo ha guiado a la consecución de la meta que había soñado ardientemente. Gandhi vio la India independiente, aunque no se haya verificado su deseo de fundir hindúes y musulmanes en unitaria convivencia. Y, ciertamente, ello constituyó una espina, a la que se añadieron las amargas desilusiones y dolores por las violencias y los estragos que acompañaron al nacimiento de la Unión India y del Pakistán.

Extraordinaria figura de asceta indio, Gandhi no pasó su existencia en el tradicional eremitorio solitario, sino que fue impulsado por su infinito amor a su tierra madre y a sus hermanos a vivir -excepto algunos breves paréntesis- en medio del mundo y a practicar sus virtudes ascéticas, aun permaneciendo en contacto con gobernantes y métodos políticos del pleno siglo XX. El amor (“ahimsa”) fue su arma política, y se nos aparece totalmente dominado por aquel sentimiento de bondad y de afectuosa dulzura que es la nota dominante del Visnuísmo.

Sus repetidos y dolorosos ayunos (realizó dieciséis, el último de ellos pocos días antes de su fin en un intento de conseguir la paz religiosa de toda la India) eran la prueba de una completa entrega a su causa y consiguieron la devoción de las masas; su palabra apasionada las entusiasmaba, sus plegarias y sus invocaciones al dios Raro, recitadas en público, conmovían y arrebataban al auditorio. Actuó políticamente siguiendo medios que estaban en neto contraste con la práctica dominante, consideró despreciable el principio según el cual el fin justifica los medios, principio que muchos siglos antes, un maestro indio de política, Kautilya, había exaltado y puesto en práctica con un realismo sin escrúpulos.

Pero el método, diríamos evangélico, predicado y realizado por Gandhi consiguió el deseado triunfo. El desconsolado anuncio hecho a las gentes de que el padre (“bap”) había muerto, el dolor del pueblo impresionado por la noticia del trágico fin, la consagración de sus cenizas, sumergidas religiosamente en numerosos ríos sagrados del inmenso país, revelaron al mundo que la India había perdido a su más grande santo de la Edad Moderna.

“La voz interior me dice que siga combatiendo contra el mundo entero, aunque me encuentre solo. Me dice que no tema a este mundo sino que avance llevando en mí nada más que el temor a Dios.”…

Fuente: Biografiasyvidas.com

La Madre de los Pobres

 

La Madre de los pobres

Agnes Gonscha Boyaxhiu, más conocida como Madre Teresa, nació el día 26 de agosto de 1910, en la cuidad de Skopje en Yugoslavia. Sus padres han pensado ponerle sólo el nombre Agnes, pero al ver su rostro al nacer han agregado Gonxa, y así el nombre entero significa “Capullo en Flor”.
Fue la menor de tres hermanos, quienes han sufrido con la muerte de su padre con tan sólo 8 años de edad de Agnes. La casa de la familia Bojaxhiu, si bien nunca se supo bien sobre la muerte de su padre sin ninguna desconfianza, estuvo siempre abierta a todos, pero los mejor acogidos en ella fueron los pobres.

Agnes y su hermana participaban de las labores de la parroquia, las horas libres de Agnes no eran del todo habituales para una chica de su edad los pasaba en la biblioteca de la “Iglesia del Sagrado Corazón”.
Así fue como con tan sólo 12 años de edad sintió el fuerte deseo de convertirse en monja y tras la consulta hacia su madre quien le aconsejo que tome tiempo para no forzar ese sentimiento y ha pasado largas horas rezando en la iglesia junto a su mamá, en busca de una respuesta.

A los 18 años de edad, la Madre Teresa ha ingresado a la Orden de las “Hermanas de Nuestra Señora de Loreto” en Irlanda, allí ha recibido una excelente formación religiosa en Dublín, Irlanda y en Dardjiling, India.
Así fue como en el año 1931, con ya la mayoría de edad, Agnes toma el nombre de Teresa en honor a una monja francesa llamada “Thérèse Martín”, ella fue canonizada en 1927 con el título de Santa Thérèse de Lisieux.

Posteriormente, en el año 1937 la Madre Teresa decide finalmente tomar los votos religiosos, sin ninguna duda siempre se mantuvo firme y ha enseñado durante 20 años en el “Colegio Santa María en Calcuta” de India. Y fue en el año 1946, que Teresa ha recibido otro llamado de Dios, así lo llamaba ella misma y era el servicio hacia los más pobres. Así fue como que la valiente Madre Teresa pide al Papa Pio XII un permiso para dejar sus funciones como monja independiente y empezar a compartir su vida en las calles de Calcuta con los más pobres, los enfermos y los hambrientos.

Al poco tiempo la bondad se seguía adueñando de ella, la Madre Teresa funda una congregación a la cual llamó “Misioneras de la Caridad”, donde comenzó por la difícil tarea de enseñar a leer a los niños pobres de la calle, seguido de tareas beneficiarias hacia ellos.
La Madre Teresa era una persona que daba sin importar si recibiese algo a cambio, llena de bondad y solidaridad esta mujer ha llenado corazones de enfermos, hambrientos y pobres de felicidad. Así fue que en  el año 1950, comenzó con la ayuda hacia aquellas personas enfermas de lepra.

Luego de un tiempo, precisamente en el año 1965 el Papa Pablo VI colocó a la congregación de las “Misioneras de la Caridad” bajo el control del Papado y ha autorizado a la Madre Teresa a expandir la Orden religiosa en otros países. Milagrosamente se ha llevado a cabo el proyecto y alrededor de todo el mundo se abrieron centros para atender leprosos, ancianos, ciegos y personas que padecen del SIDA y se han fundado escuelas y orfanatos para los pobres y niños abandonados.
La madre Teresa ya no estaba sola, y debido a todo su esfuerzo ha sido galardonada con el premio “Nobel de la paz” en 1979.
En el año 1986 la madre Teresa ha logrado llegar a Cuba, donde fue entrevistada por Fidel Castro y allí mismo consiguió su orden, a pesar de haber afirmado que no había visto pobres en la isla.

A partir de 1990 a la espectacular Madre Teresa le empezó a fallar el corazón, y enseguida le han colocado un marcapasos que la volvió a levantar y la hizo trabajar más fuerte que nunca, lo cual tuvo que dejar de hacer debido al pedido exclusivo que recibió del Papa Juan Pablo II quien lo ha hecho personalmente.
Al correr los años, en los que la Madre debería estar serena debido a su problema de salud, en 1994 hace su primera aparición en los medios el inglés Christopher Hitchens, quien la atacó duramente en un documental para la televisión, en donde la trató de ángel del infierno y la acusó de demagoga, oscurantista y sirviente de las potencias occidentales. Este sostenía que la Madre Teresa aducía que su objetivo no era el de ayudar a enfermos y moribundos sino realizar una cruzada contra los anticonceptivos y el aborto provocado. Como era de esperarse, dicho documental ha provocado la indignación del mundo entero ante este hombre.

Finalmente, la Madre Teresa de Calcuta, así es recordada hoy en día, falleció el viernes 5 de septiembre de 1997 a causa de un paro cardíaco. Miles de personas de todo el mundo la han ido a despedir a la Iglesia de Santo Tomás considerándola una de las personalidades más influyentes del siglo XX.
Su tumba se ha convertido en un lugar de peregrinación y oración para gente de fe y de extracción social diversa. Menciones obtenidas(1971)   “Premio de la Paz”(1972)   “Jawaharlal Nehru”(1979)   “Nobel de la Paz”(1980)   “Bharat Ratna”….

Fuente: Biografía.es

El Apóstol José Martí

El apóstol de Cuba

José Martí nació en La Habana el 28 de enero de 1853. Hijo de los españoles Mariano Martí y Leonor Pérez, su vida fue una auténtica lucha a favor de la libertad en Cuba y para Cuba. Desde su juventud fue simpatizante del levantamiento del 68, lo que le supuso al año siguiente su primer paso por la prisión por conspirador. En 1871 fue desterrado a España, donde aprovechó para estudiar Filosofía y Letras y Derecho. En 1875 comenzó un periplo de años de constantes viajes a México (donde se casa el 20 de diciembre con la camagüeyana Carmen Zayas Bazán), Guatemala (donde conoció a María García Granados, la famosa «Niña de Guatemala» de sus Versos sencillos) y Nueva York, tras el que regresó temporalmente a Cuba en 1878. Trabajó allí como profesor, pero sin abandonar su constante preocupación política, y vio nacer a su hijo José Francisco el 22 de noviembre.

En 1879 fue descubierta la conspiración que organizaba con el Movimiento, y fue desterrado de nuevo a España, para en 1880 establecerse como periodista en Nueva York, donde comenzó a contactar con militares cubanos, como el general Calixto García, y donde entró a formar parte como presidente del Comité Revolucionario Cubano. Pasó una pequeña temporada en Venezuela durante 1881, de donde también fue expulsado por causas ideológicas, para volver a Nueva York en 1882 y dedicarse allí a preparar la revolución final que consiguiera la independencia de Cuba: además de escribir y publicar Nuestra América el 10 de enero de 1891 en La Revista Ilustrada de Nueva York, consiguió dinero, armas, embarcaciones, entrenó a los revolucionarios, buscó apoyo internacional y mantuvo el espíritu de rebelión de los cubanos, para lo que realizó diversos viajes por países de Latinoamérica.

En 1895, cuando todo estaba preparado, les fue confiscado el contingente logístico por parte del gobierno estadounidense, y contra viento y marea lograron prepararlo todo para, en mayo de 1895 Martí, junto con Máximo Gómez y otros más, desembarcar en Playitas y avanzar tierra adentro para reunirse con otras fuerzas revolucionarias. El 19 de mayo de aquel año las fuerzas del Apóstol, sobrenombre por el que ha sido conocido después por sus compatriotas, se enfrentaron al ejército español en Dos Ríos, batalla en la que murió el 19 de mayo el inspirador y héroe de la independencia cubana sin que sus compañeros pudieran siquiera rescatar su cuerpo.

Martí pensador

Sin duda, la faceta que ha hecho de José Martí algo más que un mito fue su ideario político. A pesar de que su lucha directa se circunscribió a «su» Cuba, concibió la libertad de los países de Latinoamérica como un todo. Su idea de libertad nunca pudo partir de la República española, pues la inconsecuencia de lo que ésta propugnaba con los hechos que Martí observaba en la «Metrópoli» le convenció de que el problema cubano sólo podría ser resuelto fuera de los marcos políticos del poder español.

Las dos tesis principales del pensamiento martiano son, por una parte, abogar por la entrega de la riqueza nacional, cuya distribución exclusiva en pocas manos le parecía injusta; por otra, la cuestión indígena que afrontan las jóvenes naciones americanas como uno de los más tristes resultados de la dominación colonial sufrida, en la cual los indios fueron aplastados y reducidos a la condición de bestias; resucitarles el hombre que llevan dentro debe ser la tarea primera de todos aquellos que aspiren a una patria libre. El futuro de la revolución americana está vinculado, en su opinión, a la raza indígena y a la unión de los pueblos, pues sin ella no habría garantía alguna de triunfo para esa revolución. Precisamente por ello se opuso siempre a la intervención del autoritarismo militar que se había intentado imponer al movimiento revolucionario y no se identificó nunca con éste. Según el Apóstol, independizar a Cuba era, primero, arrancar de América los últimos restos del colonialismo español y, segundo, afianzar la unión de las jóvenes repúblicas hispanoamericanas para contener así los impulsos imperialistas de los Estados Unidos.

El testimonio político más importante de Martí es su ensayo titulado Nuestra América: no es un manifiesto americanista en el que se predique un fatuo nacionalismo o en el que se cante la superioridad de los valores autóctonos de los pueblos de hispanoamérica, sino que plantea, fundamentalmente, un programa político-cultural establecido de acuerdo con las necesidades más urgentes del continente. No hay romanticismo en la afirmación del hombre natural, de la Naturaleza americana. La afirmación de estos elementos cumple una determinada función política porque únicamente a partir de ellos podrá realizarse una liberación total. Nuestra América no es un canto a un pasado glorioso ni una invitación de retorno a él. Martí, que está mucho más cerca de Marx que de Rousseau, afirma lo natural para poder mostrar mejor el proceso de inversión de valores producido por el dominio colonial. Con la colonización se impuso para América una serie de costumbres y tradiciones que impidieron el desenvolvimiento de sus culturas nativas. De esta manera se produjo la típica sustitución de valores que toda potencia imperial realiza, y por la que se engendran las colonias. Este deplorable cuadro lo describió Martí con plasticidad asombrosa al escribir:

«Eramos una visión, con el pecho de atleta, las manos de petimetre y la frente de niño. Eramos una máscara, con los calzones de Inglaterra, el chaleco parisiense, el chaquetón de Norte América y la montera de España.»

Una de las preocupaciones máximas que plasma Martí aquí es la integración de todos los cubanos bajo una única bandera de amor y respeto al hombre, que, a su juicio, debía ser la norma suprema de la futura república:

«Yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre. En la mejilla ha de sentir todo hombre verdadero el golpe que reciba cualquier mejilla de hombre.»

El humanismo que desprenden estas palabras es la constante más profunda del quehacer político martiano, y la piedra angular de la reconstrucción del movimiento revolucionario cubano.

Martí escritor

Si sus incursiones en el teatro (AbdalaAdúlteraAmor con amor se paga) no tuvieron mucha fortuna, su única irrupción en el mundo de la novela, Amistad funesta (Lucía Jerez), si bien no podemos decir que sea una obra maestra del género, sí introduce por primera vez en el mismo los rasgos que caracterizarían a la novela modernista (o lírica, denominada por muchos críticos), especialmente en lo referido al lenguaje, insólitamente plástico y musical, de gran aliento imaginativo y de brillantez expresiva, lo que lo acredita como un gran prosista y como iniciador de una época, la modernista, que con él se abre.

Una de las incursiones literarias más sorprendentes y atrevidas de Martí son sus cuentos, especialmente los publicados en La Edad de Oro, revista infantil editada íntegramente por él, que salió a la luz entre julio y octubre de 1889. Sorprendente porque extraña que el Apóstol, metido de lleno en empresas políticas y revolucionarias, dedicara gran parte de su valioso tiempo a una tarea tan poco productiva entonces como la literaria, y más si cabe si consideramos que iba dirigida a los niños. La respuesta está en su espíritu y sus proyectos revolucionarios. Con la lectura de los cinco números que salieron a la luz de la revista el lector puede darse cuenta de que no es literatura «sólo» para niños: su función es netamente educadora, pero en un sentido más amplio, y ello es debido al ideal político-social de Martí, en el que el niño es el futuro, y ese futuro debe ser de progreso y de virtud. Para conseguir los fines que persigue (léase libertad, búsqueda de la verdad, americanismo, utilidad, independencia de Cuba, desarrollo) hay que educar al niño adecuadamente, pues él es la base de un futuro mejor. Su idea de la pedagogía no es la de enseñar la realidad a los niños, sino dársela a comprender, presentársela de modo que la puedan entender, para que lleguen a participar de los grandes problemas de América, como el racismo (en «El Padre Las Casas»), la desigualdad social, la pobreza (en «Los zapaticos de Rosa», «La muñeca negra», «Los dos príncipes»), la libertad (en «Tres héroes») y problemas universales como la bondad moral y las virtudes (en «La perla de la mora», «Cada uno a su oficio», «Nené traviesa», «El camarón encantado»), o la muerte, tan presente en muchos cuentos. A todo ello, unirá un estilo sencillo pero bello, tratando de hacer del

deleite una vía y una manera de aprendizaje. En sus cuentos infantiles podemos ver una particular ordenación gramatical y un uso de términos-clave que se repiten a lo largo de ellos en posiciones estratégicas. Su sintaxis lineal, fluida, ordenada, sin interrupciones, con abundancia de conjunciones, más propias del lenguaje infantil, les confieren cierto sentido y musicalidad que hacen de ellos auténtica y bella literatura.

Cierto tono infantil encontramos también en Ismaelillo, su primer libro de versos, que abre su incursión en la parcela que con mayor acierto cultivó. Si dotó a su prosa de un lenguaje cuanto menos novedoso para el género, sus intuiciones poéticas plasmadas en las quince epifanías dedicadas a su hijo ausente abren definitivamente el camino hacia la nueva estética modernista. El autor cuenta allí un viaje por los mundos del sueño, impulsado por la persecución arrebatada de sus visiones, y lo hace desde la naturaleza lírica e íntima de un mensaje hondo, grave y universal, expresado en un lenguaje veloz, de aparente despojamiento verbal, de metros breves y saltarines, pero que encubren toda una serie de metáforas recias y profundas que distinguen el pensamiento de Martí.

En Versos libres, recopilación de poemas posterior a su muerte pero que él dejó casi preparado para la imprenta, imprime esa misma óptica visionaria, pero ahora con mayor dramatismo y con un temple agónico más acerado, que luego también continuará en otros poemas de la misma época (que aparecieron en diferentes diarios y publicaciones en vida del autor, para ser recogidos luego bajo el título de Flores del destierro). En los «endecasílabos hirsutos» (como él describió) de sus Versos libres confluyen bajo la forma métrica de verso blanco (idéntico metro, el endecasílabo, pero sin rima alguna) todas las tensiones que le salpicaron en su vivir diario: desde la circunstancia inmediata, el destierro y la nostalgia de su patria, hasta su sed de amor y dolor, su recio sentido moral de libertad, justicia y deber; vemos el concepto de la existencia como lucha perenne de autoconstrucción, como pugna constante y angustiosa por llevar a cabo sus fidelidades con la vida. También encontramos en ese poemario la preocupación por la poesía misma, por el vislumbre de posibilidades y sus preferencias: el rechazo del artificio y la defensa de una poética de lo natural (idea que plasmó en otros muchos de sus textos).

Su preocupación por la armonía de lo natural dará paso a la cima más alta de su arte, los Versos sencillos, crónica lírica fragmentaria de su vida, donde deshoja versos cristalinos a la vez que enigmáticos y oscuros que alcanzan las cotas de mayor profundidad de su obra. Los versos entrelazados rezuman sencillez y emoción, y muestran la fusión pueblo-poeta-naturaleza desde lo cercanamente biográfico, expresado desde el sincero temblor poético, desde la serenidad y desde la fuerza.

La voz poética de Martí se plasmó desde tres manantiales

vitales: la voz dolorida pero entrañable del hombre deshaciéndose y haciéndose a sí mismo en la precariedad de su vivir; la voz y más desde la fuerza del pleno pulmón emitida por la Naturaleza o el Universo; y una voz recóndita, que desde la trascendencia quiere asegurarse un lugar firme entre las certezas humanas. Y todo ello para llegar a dar una declaración de amor y libertad firme, sin fisuras, que hacen de su obra, corta en años pero intensa en sentido, un mensaje compacto, bello y armoniosamente sincero.

“Pensar es abrir surcos, levantar cimientos y dar el santo y seña de los corazones”….

Fuente: fenix.co.cu